Sael, al infinito y más allá

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Sael, al infinito y más allá

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Probablemente el Bing Bang personal de SAEL aconteció en Mar del Plata, ciudad de dónde es oriundo. O tal vez no fue una explosión, sospecho seriamente que fueron unas cuantas, de esas que te llevan a cambiar y generar tu propio universo. De modo autodidacta comenzó como artesano, se transformó en diseñador a pedido y el artista llegó cuando comprendió que no tenía por qué entender de límites.

Es un artista multidisciplinario en permanente movimiento, ha participado en varias oportunidades del Puma Urban Art y realiza continuas intervenciones públicas. Sus constelaciones, satélites y guardianes han tomado las calles de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, entre tantas otras.

#PowerUnitProject, un proyecto que mezcla tecnología y arte que une a los polos del continente americano, lo mantuvo activo en los últimos meses, liberando obras en la vía pública, uniendo así creativamente New York y Buenos Aires. Además participó en las recientes acciones de la marca Pizzini, dentro de su grupo de creadores.

VIAJE INTERGALÁCTICO

“Lo más intuitivo que hacía de chico es dibujar, pero tampoco me definió. Lo que hacía era ropa y siempre decía que iba a ser diseñador de moda. Me gustaba cortar y pegar, no sólo desde el papel sino también tela. Además me hacía juguetes. Con mi papá transformamos, por ejemplo, un patín en un camión. Siempre me atrajo mezclar cosas”, cuenta. Sumar colores vibrantes, cruzar líneas y hacerlo de varias maneras, hace a su estilo.

Un taller lleno de muñecos, frases en sus obras y las publicaciones en Facebook hacen referencia al espacio: “Siempre me interesó esa conexión con el dentro y el afuera. De chico me colgaba mirando el cielo, me imaginaba cosas y hoy todavía lo hago. Creo que por lo curioso que soy”.

Ese interés y esa creatividad, quedaron suspendidas un tiempo durante los primeros años de la adultez. Salió a trabajar y resolver, pero sólo sería cuestión de tiempo. Llegó la crisis del 2001, el quiebre y la decisión por el proyecto propio. SAEL se dedicó a ser un veloz autodidacta.

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Distrito Arte: ¿En qué momento se produce el cambio?

SAEL: Me pregunté qué hacer. Me iba o me quedaba a hacer algo propio. Entonces, me compré una compu y otros elementos para hacer postales. Hice unas tarjetas con dibujos y me fuí a Villa Gesell. El primer viaje no vendí nada, alguien me comentó que el problema era el packaging. Volví por eso y vendí todo al regresar.

DA: Surge tu proyecto, ¿Cómo fuiste ampliando la cartera de productos y servicios?

S: Entre 2002 y 2003 armé un emprendimiento de tarjetas de Villa Gesell, Pinamar y toda la costa argentina. Empezaron a pedirme agendas, cuadernos y ahí arranqué. En ese momento me consideraba más artesano que diseñador o artista. A medida que iba avanzando en el trabajo se me iban despertando inquietudes. Todo empezó a crecer: pasé de la feria a la librería. pero yo quería un producto más acabado. En paralelo, surge hacer el merchandising del Museo del Mar.

DA: Necesitabas tu propio local…

S: Si, abrí mi primer local y sumé más producto. Además, empezaron a llegar pedidos vinculados a mi imagen, más bien consultaban por un servicio. Conozco en ese momento a los chicos de Trimarchi, quedé vinculado y les hice el merchandising. Fue un viaje de ida, yo era una esponja.

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El local se transformó en una usina, SAEL hacía, funcionaba y surgía otro proyecto. Aunque es un personaje para desetiquetar – no entra en ninguna, tiene un poco de toda- podemos definirlo como un “generador”.

“En un momento decidí hacer un toy con un tubo de PCV y madera. Armo ese producto y se me ocurrió dárselo a artistas amigos para una movida. Robotel empezó a crecer y a recorrer el país, ahí hice un click. De repente hicimos Buenos Aires, Córdoba, Rosario. Aprendí un montón, aunque económicamente fue un fracaso. A partir de ahí, me di cuenta que no había un límite: puede ser un producto, un servicio, un evento, una acción. Me rompió la cabeza”, cuenta SAEL y, aunque acentúa, este tipo de anécdotas se repiten en nuestra charla. Se nota que vuelve sobre los eventos, frena, analiza y retoma el ritmo. Es ese tipo de personas que siempre está cambiando.

DA: ¿Fue cuando decidiste venir a Buenos Aires?

S: No, primero arrancó un proceso interno, importaba más la idea que hacer. Me vinculé con más clientes, brindé servicios, hice festivales y necesité dar otro paso. En 2009 me vine a Buenos Aires y acá me cambio de todo.

DA: ¿Qué encontraste?
S: Principalmente encontré reacción, me gusta el movimiento. Empecé una búsqueda de seguir potenciando lo que hacía. Gané un concurso de diseñar un toy Boodawoo, que se vinculaban con Red. Lo mandé en enero, el mismo mes que me vine. Generó una situación de mucho exposición y conocer más personas, más vínculos.

MISIÓN

“Yo quiero invadir el mundo” y así está, planeando proyectos para introducir color por doquier. Actualmente está trabajando en una línea de muebles para Casa FAD y planeando un viaje a Japón para el año próximo.

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DA: ¿Cómo es trabajar con marcas?

S: No me define, es un punto para generar más cosas. Me expongo con un sentido, me interesa que mi trabajo hable e intento hacer lo que me gusta. Lo que busco es más más libertad para expresarme, no ponerme límites. También aprendí lo que no quiero hacer, aunque no es fácil, es un equilibrio. Es un camino y todo te va a dejando algo.

DA: ¿Hoy cuál es la misión?
S: Estoy afianzándome. Siempre quiero tener esa sensación de cuando empecé: la aventura de no saber si iba a vender una o todas…

Celeste Nasimbera

Texto: Cele Nasimbera

Ale caso

Dirección de arte. Ale Caso.

Autor: Mariano Carrizo
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