Rosa Skific y un muestrario de telas

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Rosa Skific y un muestrario de telas

Rosa Skific se formó con el artista José Manuel Moraña. Hizo clínica con él y con el correr de los años se les hizo costumbre. Marca que forjó parte de su carácter, alimentando su mirada crítica. En esos años, un compañero de taller le pasó algunas claves de la industria textil. Así su creatividad se aplicó al diseño. Aprendió el oficio en los 80, incluso antes de la apertura de la carrera de diseño de indumentaria y textil en la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeñó como docente hasta 2006.

DA:¿Cuál fue tu primer acercamiento al arte?
RS:Recuerdo un despertar a la belleza. ¿Viste cuando te queda algo en la memoria? Bueno, esos puntos son con las telas, con los paisajes en ellas. Las flores también. ¡La tela de los vestidos! Más que la prenda me llamaba la atención la tela y además, yo la disfrutaba.

Entrevista_Rosa Skific

Apenas cruzamos unas palabras y no me quedan dudas, Skific es una mujer con sensibilidad para apreciar lo bello en lo cotidiano. En sus modos de hablar se detecta que además esa manera de ver, tiene lecturas y experiencia. ¿Por qué mi vínculo con el textil? me pregunta y se responde: cuando me denominan así, explicó que no porque trabajo con lo iconográfico.

La mesa de trabajo se mantiene algo pegajosa y, a pesar de ser oscura, se detectan varios colores sobre ella. No se adelanten, Rosa Skific no es una artista textil. Aunque dedicada a la expresión creativa como a la industria, siempre encontró la excusa para hacerse de algunos retazos.

DA: La tela siempre está en tu obra…

RS: Sí, siempre aparece. Voy guardando, algo que quedó viejo lo recorté y además trabajo en diseño. 

DA: ¿Y cuál es tu relación con las prendas?

RS: Un tanto mágica. La ropa guarda el registro de uno, eso queda y me da pie para trabajar con la sensibilidad de ese material. Tengo recuerdo del piqué, de los acanalados, de los guardapolvos. Los olores de la ropa recién lavada, de la plancha, muy ligados a los días, al crecimiento. Muy ligado al cuerpo. La ropa en mi cuerpo, la ropa hace al cuerpo.

DA: ¿Tenías interés en cómo te vestías?

RS: Sí mucho, ahora es más acotado.

DA: Y del arte decantaste en el diseño textil…

RS:  Yo entré al textil desde lo plástico. El mercado tiene sus demandas, sus tiempos, las tendencias y lo que viene, así empecé a aprender y a trabajar. Acá es muy acotado siempre para completar la colección. Trabajé mucho para Brasil, es una industria muy poderosa.

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De esto y aquello

Una biblioteca abarrotada pero acomodada, una obra – corbata de José Otero en la pared y la mesa donde dicta talleres. Rosa se mueve en su espacio, busca unos bocetos y los esparce. Saca uno, dos, tres, cuatro. Ahora los personajes del cuento infantil Caperucita y el lobo se reproducen en dibujos, collages y claro, en telas. Papeles, transparencias y paños negros dan cuenta del trabajo actual.

Rosa viste el uniforme de quiénes están relacionados a la industria de la moda: lleva negro aunque se reconoce una excelente colorista. Esta vez me adelanté yo.

DA:  ¿Hay una división entre los trabajos personales y aquellos por encargo?

RS: Si, divido. Pero hasta cierto punto porque yo soy un tejido (risas). Cuando trabajas en diseño tenés una consigna: estás prestando un servicio y tenés que brindar soluciones. En arte te planteás interrogantes, pones todo en crisis, es otra la entrada pero después se van entretejiendo las cosas.

DA: Aprendiste y enseñaste. ¿Cómo llegaste a la docencia?

RS:  Todo mi conocimiento plástico lo encaucé en el textil y empecé así a dar clases. Entré hacia el final del armado de la carrera, concursé y quedé. Yo hablaba del tatuaje, entendía que el cuerpo es el primer espacio de arte del hombre. El hombre antes de vestirse, se adornó, del cuerpo va a la tela. Un cuerpo tatuado es un cuerpo textualizado.

DA:  ¿Tenés rutina?

RS: No, pero estoy tratando. Estoy escribiendo sobre pensar la forma, brindando mis talleres y haciendo mi obras. Además del cotidiano. Entonces un día hago una cosa, otro día otra y así. Es elemental pero lo estoy cumpliendo bastante bien.

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DA:  ¿En qué estás trabajando ahora?

RS:  Sigo con “Adiós a Caperucita”, son tres estaciones, tres travesías. Es una serie: con los animales fantásticos del bosque, con lobo y con ella misma. Me costó muchísimo organizarlo. Hay muchas interpretaciones modernas, Caperucita es un camino iniciático hacia lo erótico, por eso la mía termina siendo una Caperucita – lobo, con moño y cola.

DA: ¿Y cómo surgió?

RS: Bosque empieza con un dibujo de una caperucita hace unos diez años que quedó ahí. Cuando con Grupo Huevo nos convocan a Galería Pasaje 17 con la temática precisamente de bosque, me acordé y me largué a dibujar. Eso fue en 2012. Empezó con una muestra colectiva, donde yo tomé toda una pared y estampé.

DA: ¿Cómo llegó a hacer prendas en la colección de invierno 2015 de Tramando?

RS: Yo se la llevé a Martín (Churba, diseñador de la marca) porque sentí que era muy iconográfico, muy para la tela. Y ahí trabajé dos o tres meses con su equipo. Fue una situación muy coral. Ahora estoy buscando galería para cerrar.

Rosa Skific divide sus días (o intenta) entre la lectura, la escritura y el avance de su obra. Caperucita podrá ser un personaje de la literatura infantil pero acá es excusa para dar cuenta de la pérdida de la inocencia, los miedos y las transformaciones. Y siempre a través de las telas: allí de niña Rosa descubrió la belleza y en la adultez la expresión. Ahora reflexiona sobre todo eso y lo pone en palabras.

Fede Kane

Dirección de arte. Fede Kane.

Autor: Celeste Nasimbera
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