Rodolfo Insaurralde, el goyano

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Rodolfo Insaurralde, el goyano

Gif_Rodolfo

Rodolfo Insaurralde es un goyano que vino a Buenos Aires cuando tenía apenas 22 años. Pasaron treinta y  lo conocimos. Lo de goyano es en serio: lo lleva en su tonada, tan marcada como el primer día y tan orgulloso de ese signo característico.

“Empecé pintando con mi tía Irma y a partir de ahí fui buscando mi camino e involucrarme con la naturaleza. Luego estudié en la Escuela Municipal de Arte en Goya, Corrientes, y muchos años después fui a estudiar Psicología del Color en Nueva York. Sin embargo en la técnica, me considero autodidacta porque en ese entonces no había nadie en Latinoamérica que enseñara el hiperrealismo”, cuenta.

De una familia donde las R es marcada a fuego en su nombre (los de sus hermanos también empiezan con esa letra),  la enseñanza es moneda corriente y ser de libra tiene un peso importante, Rodolfo dejó su tierra para hacer un curso, donde dice no haber aprendido nada, y que terminó por ser la puerta para comenzar su vida en la Gran Ciudad.

De sus comienzos en Buenos Aires

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La vida en esta nueva ciudad era complicada y  “debía sobrevivir”, dice y agrega: “trabajaba en varias cosas a la vez y los domingos,  le pedía prestado el hijo a un amigo para retratarlo en una plaza en el barrio de Almagro con pintura pastel. Así me ganaba unas monedas más”. Fue entonces cuando lo invitaron a exponer en el Centro Cultural Recoleta. “Yo no tenía un peso y muy pocas obras realizadas. Expuse y fue entonces cuando un señor me pidió cuatro cuadros de pájaros. A mi no me gustaban los pájaros, pero necesitaba vender y  le dije que era mi especialidad”. (se ríe)

“A esta persona lo llamaban coiffeur, algo que no sabía qué significaba, y me dio una seña que para mi fue una locura. Estamos hablando de los años 90 y yo era un chico del interior que vino a un curso y se quedó a vivir. Cuando me encargó los pájaros le pedí a un amigo que hacía taxidermia para que me preste algunos para poder dibujarlos. Terminé los cuatro cuadros mucho antes de lo esperado y los llevé a la dirección que me dijo. Ahí entendí todo: ese hombre era Miguel Romano y el peluquero más conocido de la Argentina”.

Ese fue el puntapié para empezar a vivir del arte. Fue así que Rodolfo se rodeó de innumerables artistas y celebridades como Graciela Borges, Susana Giménez y la reconocida Mirtha Legrand, quien expuso las obras de Insaurralde en su living durante 10 años. “Para mí ella esa gran diva de la televisión argentina. Es una amiga que admiro profundamente y aunque hablemos seguido, no me animo a pedirle que me invite a uno de sus almuerzos”, dice.

Insaurralde: el profesor

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Cuando llegó a Buenos Aires a hacer el curso, tras haber sido seleccionado, sintió que no aprendió nada y que todo fue en vano. “Cuando preguntaron qué nos había parecido la experiencia yo dije que no me había gustado, les dije el por qué y me eligieron como profesor”. Su carrera recién empezaba.

“Para mí, los pilares de la enseñanza son: el dibujo que es el esqueleto de la obra, la volumetría que es el cuerpo de la obra y después el color, que es donde uno realmente puede llegar con la obra”, explica.

Hoy Insaurralde tiene un Centro Cultural en la calle Junín al 211 (CABA). Fue un trabajo de años para lograr ese espacio donde las paredes, empapeladas por artistas hiperrealistas elegidos y curados por él, te invitan a recorrer sus tres pisos. “Siempre estoy haciendo LA obra. Para mi, la actual es la que me motiva, aunque pienso que mi obra maestra todavía no la hice, porque al sentirme una persona evolutiva, siempre puedo dar mejores cosas”.

Autor: Magdalena Ehul
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