Orly Benzacar, como en un matriarcado

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Orly Benzacar, como en un matriarcado

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En el ajetreo porteño, eventualmente miramos la pared, buscamos el teléfono y tomamos una foto. En las calles hay consignas y manifestaciones creativas para registrar. En más de una ocasión acordamos pasar por una muestra, visitando centros culturales como museos. ¿Y las galerías?

Dentro del circuito de arte, las galerías son más “de nicho”. Quién lleva la agenda del mundillo, apunta aperturas y las recorre con frecuencia. Y aunque son abiertas al público, no se ve mucha gente en ellas. ¿Consumimos más a través de una pantalla? En tiempos de Instagram, Ruth Benzacar lleva décadas mostrando sin hashtag alguno.

Ruth inició la tradición, Orly la sostiene hoy y seguramente Mora Bacal, su hija mantenga la costumbre. Ya está en actividad, formándose para eso. En una especie de matriarcado del arte argentino, Benzacar es una galería de arte contemporáneo con más de 50 años. ¿Las coordenadas actuales? Villa Crespo.

Lejos del caos vehicular del intenso microcentro porteño, la galería tiene ritmos de barrio. Abre de lunes a viernes por la tarde. Detrás de un fachada blanca impoluta, se abre el portón y uno ingresa a un renovado galpón. El espacio es amplio, son 650 metros cuadrados conformando un cubo blanco. En el centro sobrevuela la instalación El Diluvio del artista Miguel Rothschild. Y claro, el arte está ahí para captar nuestra atención. Dejó el teléfono y observó. Me chistan, elevo la mirada y Orly me da indicaciones para subir. Si uno recorre como espectador la galería, no lo percibe pero hay gente trabajando: decenas de obras organizadas por doquier, escaleras, escritorios, bibliotecas, archivos, más escaleras y un equipo pendiente de las llamadas. Abajo la contemplación, arriba la actividad.

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Orly viste de blanco para la sesión de fotografías, un par de alpargatas Osklen muy prácticas y un par de lentes. Siempre está con ellos: negros y de colores, incluso con estampa. De pelo corto, las gafas marcan la mirada. Habla en un tono bajo pero decidido. Es una mujer que sabe lo que quiere.

Probablemente como su madre. Hace pocos días, en el lanzamiento de la próxima edición de arteBA, Orly Benzacar escuchó agradecimientos sentidos hacia Ruth por su participación en los inicios de la feria. 25 años después, ella se desempeña como curadora de la sección principal. A veces, el tiempo, parece circular.

“Recuerdo a Berni trabajando, a Berni en su taller” relata Orly como cualquiera puede rememorar su infancia. Pero no, claro que no. Su cotidianidad no fue (ni es) promedio. Creció con la vibración artística porteña de los años 60. ¡Y qué momento! La familia, generó un proyecto que luego se transformaría en galería. Benzacar creció y se transformó en referencia en un subsuelo en la calle Florida.

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Terminada la secundaria, estudió y ejerció diez años como bióloga. Y luego si, se dedicó a trabajar junto a su madre. El dicho popular dice que el tiempo es sabio, vaya uno a saber. Dice que aprendió mirando a su mamá trabajando y se le quiebra, lógicamente, la voz cuando nos aproximamos al año 2000. “Fue inesperado” señala sobre el fallecimiento de su madre. Esos diez años le permitieron tomar el mando e incluso afrontar los cambios que requiere tener una galería dedicada al arte contemporáneo. Hay que estar sobre el propio tiempo.

A pocos metros, Mora Bacal recibe una galerista del interior. Probablemente ella también está aprendiendo del hacer con su madre. La tradición está.

Julia Fernandez

Dirección de arte. Julia Fernandez Cheron 

Autor: Magdalena Ehul
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