Ni 5 minutos con Carlos Regazzoni

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Ni 5 minutos con Carlos Regazzoni

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“Prendé el micrófono” me dijo el artista y escultor argentino de modo imperativo mientras seguía tomando nota en un cuaderno anillado universitario. Cuando guarde el archivo de audio me dí cuenta que tenía 3 minutos y 54 segundos. A continuación la crónica de un encuentro extremadamente breve.

El tráfico comienza a intensificarse, es lunes y los pendientes ya no pueden acumularse. Son cerca de las once de la mañana y en la ciudad de Buenos Aires se respira esa tensa calma de la semana por venir. Nos escapamos del microcentro, avanzamos por Avenida Libertador y luego de una breves indicaciones telefónicas nos encontramos ingresando a “El Gato Viejo”. Estacionamos el auto entre el fuselaje de un avión intervenido y una larga fila de teléfonos públicos. No, no los tiraron, terminaron entre los desechos de Carlos Regazonni.

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Parte del taller del artista está ahí tirado, a la intemperie. Toda intención de cuidado, protección y corrección artística se reduce a la nada. Nos indican la obra en construcción: una escultura, a pedido, de fierros varios representando un alpinista. El encargo está entre algo de barro y desechos. No hay un caos calculado, ni la desatención de un par de días ocupados. No, ahí está todo tirado.

Somos tres: fotógrafa, director de arte y yo. Tenemos algunos planes para la entrevista. Tal como acordamos, llegamos a las 11 de la mañana. “El Gato Viejo” es una serie de vagones tanto el gobierno nacional como porteño le cedió a Carlos Regazonni. Allí hay un bodegón, un set de televisión, una galería y el domicilio particular del artista.

Carlos tiene 71 años, nació en Comodoro Rivadavia (Chubut) y hace tiempo vive en un vagón. Según comenta su asistente, podría vivir en un castillo francés: creer o reventar, cada uno elige el menú. Ingresamos al bodegón y al encenderse las luces encontramos obras y telarañas y mientras ingresan a escena un par de gallinas, recibimos instrucciones previas.

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Regazzoni se enfocó en el arte en su adultez, luego de desarrollarse en la actividad comercial, se volcó y  funcionó.  Además de sus esculturas identificables, pinta, tiene un reconocimiento nacional y la exposición del personaje, cuenta con visibilidad en Francia. Muchas de sus obras se encuentran en su taller, en los vagones húmedos y  entre los objetos más variados: un auto antiguo, un sillón averiado, un canasto de frutas en estado de putrefacción.

Luego de la visita guiada, con invitación incluida, por el bodegón recorremos un breve pasillo al aire libre y encontramos al vagón-casa. Allí se encuentra Carlos Regazzoni con su mujer y su hijo más pequeño. Lleva el pelo absolutamente enmarañado y una bata, una especie de salida de cama. Sin tiempo para presentaciones de rigor me indica que tomé asiento y sin mediar preámbulos me apura a encender el micrófono. ¡La tecnología siempre en contra cuando se la necesita!.

13 PREGUNTAS A CARLOS REGAZONNI

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DA:¿Qué significa para vos hacer arte?

CR: Nada.

DA: ¿Por qué decidiste ser artista?

CR: Porque hacía mucho lío. Prendí fuego vagones, tenía actitudes que iban a ser policíacas. Por eso.

DA: ¿En ese momento pensaste que podías vivir del arte?

CR: No tiene nada que ver. Vivir o no vivir no tiene nada que ver con el compromiso con el arte. Podés vivir como Picasso o morirte de hambre como Van Gogh. El arte es una cosa, el éxito es otra.

DA: Pero vos vivís del arte

CR:  Yo soy artista y hago arte.

DA: ¿Qué satisfacciones te da?

CR: Ninguna, es un sacrificio.

DA: ¿Y como lo transitas al esfuerzo?

CR: Trabajando.

DA: ¿Tenés rutina? 

CR: No hay rutina.

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DA: ¿Dónde te gusta trabajar? 

CR: En todos lados.

DA:¿Por qué trabajar con desechos? 

CR: Porque es lo que conseguí.

DA:¿Pensaste en otro material?

CR: No.

DA:¿En qué estás trabajando ahora?

CR: En un alpinista.

DA:¿Cuánto tiempo te va a llevar? 

CR: Uno o dos meses.

DA: ¿Algo por hacer?

CR: Una nueva estatua de la libertad.

Ahora sólo restan las fotos y ante el pedido responde: buscá en internet que ahí vas a encontrar un montón piba. Explicarle sobre derechos, autoría y contratos de lectura no parecia buena idea, sólo insistí sonriendo. Me tomá por los hombros, me abraza y le grita a la fotógrafa: ¡foto!. Un cambio de lente y accede a un par aunque se cansa unos minutos después y se retira.

Se está yendo, nos estamos retirando y ofrece torta. El asistente nos invita a la puerta. Recorrer nuevamente el lugar, hacemos algún registro extra, nos subimos al auto. El tráfico está intenso. Quienes vivimos con cierta rutina manejamos otros tiempos, el arte claro, tiene los propios.

Celeste Nasimbera

Texto: Cele Nasimbera.

Ale caso

Dirección de arte. Ale Caso.

Autor: Celeste Nasimbera
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