Milo Lockett: un rebelde con causa

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Milo Lockett: un rebelde con causa

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Acordamos la cita en su taller, en Palermo. Una vidriera enorme deja chusmear lo que pasa adentro desde la calle Humboldt. Del otro lado, nos espera Milo Lockett, un artista argentino del que muchos hablan y al que pocos se animan a criticar públicamente. Él no estudió arte en una escuela pero eso no quita que como artista lo convoquen a muestras, galerías y ferias. 

Chaqueño de 47 años, pinta con muchos colores. Sus dibujos son conocidos – muy conocidos– y seguramente los viste en más de un objeto. Su arte está hecho para todos. De alguna manera, democratizó las obras de arte haciendo que todos puedan contemplarlas.

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Desde los inicios

Su taller está lleno de cuadros, vasos y tachos con pinturas, pinceles y hasta el piso está salpicado. Como si mi mirada hubiese preguntado empieza a hablar: “Nosotros solemos pensar que la única formación del artista está en la escuela de arte. Sin embargo, como cualquier profesión el artista tiene una construcción en la práctica y en la investigación. Si no hay investigación no hay nada. Es necesario mirar mucho arte para tener conocimiento, hay que estudiar otros artistas, hay que mirar. Estamos viviendo una gran crisis mundial económica, social y el arte también sufre. Además, hoy en día tenemos demasiados preconceptos: pensamos que el arte debe ser solo para una elite. No sé cuál es el modo de calificar eso…”

DA: ¿Cómo fue el cambio de trabajar en una empresa a dedicarte a la pintura full time?

ML: Fue en 2001 tras quebrar mi empresa textil y se trató de un cambio brusco. Tenía 33 años, era padre muy reciente y estaba en una provincia pobre. La crisis fue económica y social y me llevó a plantearme que no quería tener el mismo trabajo, necesitaba descansar mi cabeza y mi modo de vivir. Esa posibilidad me la dio el arte. Lo que no sabía es que eso se iba a convertir en mi forma de vida.

DA: ¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado al arte plástico?

ML: Entré de una manera bastante romántica al mundo del arte y después me di cuenta de que era más salvaje que la economía. Es una profesión que está llena de envidia, de frustraciones, de egos, de discursos estereotipados, frases hechas. Romper con el sistema también me gustó. Yo rompí con el sistema: hice lo que hice.

DA: Y te convertiste en “Milo Lockett”…

ML: Lo tomé como parte del cambio, yo no tengo un personaje, yo soy Milo Lockett. No tengo conflicto, porque siempre fui lo que soy. Esto hizo que me fuera más fácil digerir todo el cambio.

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Soy lo que soy

DA: ¿Sos feliz con lo que hacés?

ML: Soy muy feliz, no pinto para alguien. Me costó identificar cuál es mi público. En realidad no sé cuál es. No me interesa, hago lo que me gusta y ahí radica el imán que tengo con la gente. Cuando tenés la posibilidad de vivir de lo que te gusta, el otro se siente identificado. No es hacerse el loco, es ser loco y vivir con eso.

DA: ¿Tenés algún limite?

ML: No tengo límites. Solo trato de ser coherente con mi forma de vivir y de pensar.

DA: ¿Qué pensás sobre la pintura y la solidaridad, la política y la comercialización del arte?

ML: Estamos ante una crisis institucional muy grande, ocasionada por las políticas que tuvimos en las últimas décadas. Me gusta vivir en democracia pero me parece que falta mucho, tenemos un índice muy alto de corrupción, el cual es vertical, no hay ejemplo, es una sociedad muy hipócrita, con carencia de valores y donde la palabra “valor”, perdió valor.  En una sociedad donde todo es caótico es muy difícil construir.

DA: ¿Y el arte que lugar viene a jugar?

ML: El arte no tiene obligación de jugar a nada. Lo ideal es que sea una espacio de esparcimiento y recreación. Sin embargo, hay quienes piensan que el arte tiene que ser político, otros que debe ser frívolo y otros que el arte tiene que ser arte. Cualquiera de los pensamientos es válido. Ahora bien, cuando nosotros pensamos que podemos solucionar el hambre con el arte, estamos equivocados. Podemos contener, hacer un mimo o una caricia, pero no vamos a solucionar el problema del hambre, ni el desempleo, ni la economía del país. El arte tiene que ser un lugar donde uno pueda encontrar alguna satisfacción o insatisfacción, alguna crisis o alguna paz.

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PING PONG

Fede Kane

Dirección de arte. Fede Kane.

Autor: Magdalena Ehul
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