Luciana Rondolini: la abrillantadora

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Luciana Rondolini: la abrillantadora.

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Sobre la calle Boulogne Sur Mer al 300, se alza una antigua fábrica de tanques de oxígeno devenida en un edificio repleto de talleres de artistas. Entre las paredes pintadas con graffitis, estaba el timbre que nos devuelve una voz tranquila y aguda que avisa que ya baja. Sin portero eléctrico ni ascensor en funcionamiento, nos esperaban cuatro pisos por escalera antes de llegar a su espacio. Una vez ahí, vimos los espejos con marcos hechos de enduido con una manga pastelera y cuadros y pedacitos de bijouterie por el piso.

Luciana Rondolini tiene 38 años. Nació y vivió toda su vida en Buenos Aires. Después de haber estudiado la carrera de Diseño Gráfico en la UBA y paralelamente Artes Visuales en el IUNA,haber trabajado en la farmacia de su papá confirmó que quería dedicarse de lleno al arte. De esto, pasaron diez años.

¿Cuál es la diferencia entre el arte y el diseño?

Hay una diferencia que yo terminé de aprender con el tiempo: Cuando diseñás, lo hacés en base a una idea ajena. Siempre partís de un concepto o una idea que tenés que transmitir. En cambio, el arte, es al revés. Hacés y después te fijás qué es lo que estás transmitiendo. Aunque haya distintos tipos de artes, como el conceptual, donde hay una idea y la interpretación es intelectual. Deja el sentimiento para una segunda lectura. Al ver una obra, esa diferencia se percibe enseguida. Si se trata de algo que tiene que ver mucho con las emociones o si tiene que ver con una idea. Es la manera que encuentro de ser genuina conmigo, básicamente. O al menos tratar de serlo.

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La pregunta que la hizo ser artista.

¿Cómo fue la transición de diseñadora a artista?

Empecé estudiando diseño porque sabía que era un camino más seguro económicamente hablando y podía mantener una relación bastante directa con el arte. Después me di cuenta de que no me gusta trabajar para nadie y menos poner mi energía en pos de una idea ajena. No me interesa.

¿Cuándo te diste cuenta de eso?

Y… trabajé diez años en un estudio de diseño, un lugar muy copado donde tenía mucha libertad pero que no me llenaba. Cuando entendí eso, me puse a trabajar en la farmacia de mi papá. Como entregaba mal los medicamentos y cobraba mal, casi me echan. Entonces, le pedí plata prestada a mi viejo por un tiempo para poder empezar a dedicarme al arte.

¿Cuál fue el punto de inflexión en el que te diste cuenta que querías ser artista?

El primero fue una búsqueda por reinventar mi lenguaje visual. El segundo punto fue algo gracioso. Yo estaba haciendo clínica de arte con Elsa Soibelman y un día, en vez de hablar de mi trabajo, me preguntó: “¿Vos qué querés hacer de tu vida?” Ahí lo supe enteramente y me di cuenta de que tenía que dejar las excusas de lado. Esto fue hace cinco años y desde ese entonces las cosas fueron diferentes.

Luciana es hija de padres comerciantes, dueños de una farmacia. Entre risas nos contó que no entendían cómo se podía estar dedicando a esto. Ellos mantenían la esperanza de que siguiera la tradición familiar y se quedara con la farmacia. Pueden ver el desenlace con sus propios ojos…

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¿Cuál es tu mayor influencia a la hora de crear?

Lo que más me interesa es el valor que el mercado le da a las cosas. Generalmente todo lo lindo y lo nuevo es lo que vale y todo lo opuesto, lo sucio, feo y viejo no tiene valor monetario o de interés. Me interesa cómo funciona todo ese sistema y cómo todos adoptamos esa forma de conseguir las cosas que influyen en nuestras relaciones, en nuestros deseos… No poder saber hasta qué punto el deseo es propio o si está generado por alguien más.

Sus obras tienen mucho que ver con el consumismo y el valor que la sociedad le da a las cosas. Un ejemplo bueno de esto: en arteBA 2011, creó un helado palito gigante de hielo real que se iba derritiendo. Soy medio tímida. Lo que hago también tiene un poco que ver con eso, con la superficie y el interior. Parece que los temas que yo trabajo tienen mucho que ver con cómo me muestro…”, dice.

¿Dónde estás parada hoy?

Tuve una muestra individual en los Estados Unidos, un proyecto en el espacio contemporáneo de Fundación Proa y la presentación en ABC en Berlín. Actualmente estoy desarrollando una obra pictórica con un nuevo abordaje, indagando en técnicas diferentes. Vengo de un año de muchos compromisos, no es tan romántico hacer arte. A veces todo el trabajo que implica hacer una muestra, te agota y no te permite dedicarte a la parte creativa.

¿Qué lograste hasta ahora y qué te falta lograr?

Logré ir a Berlín, que era un sueño que tenía. Fui invitada por la galeria Miau Miau a participar de la feria Art Berlin Contemporary. Ahora me estoy centrando en la obra que exhibiré en el Fondo Nacional de las Artes en febrero y el proyecto que presentaré en ArteBa en junio de este año. Lo que me falta es encontrar un mecanismo con el cual pueda seguir produciendo. Quiero hacer una muestra individual de la cual me sienta orgullosa.

¿Qué consejo te hubieras dado a vos misma antes de empezar?

No hacerle caso a nadie y seguir mis propios impulsos e intuiciones. Focalizarme en conectar con uno mismo y descubrir poco a poco la identidad de mi trabajo.

A Luciana Rondolini la maquilló Lucía Rastelli para Mix Estudio y con el vestuario nos ayudó Vir Fernández Núñez.

Autor: Mariano Carrizo
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