Joaquín Fargas: hasta los confines de la tierra

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Joaquín Fargas: hasta los confines de la tierra

Cuando era chico hacía experimentos por los que dejaba a toda su casa sin agua, luz o que terminaban en previsibles cortocircuitos. Y pese a las penitencias, no se detenía. Joaquín Fargas quería ir hasta el fin del mundo. “Soy un existencialista”, se define. Y así lo hizo: en marzo participó de la Bienal de la Antártida, para la que trabajó en los proyectos “Glaciators” y “Reflections” y desde mañana y hasta el 30 de julio sus robots estarán expuestos en el Pabellón Antártico de la edición 57 de la Bienal de Venecia.

Diseño caótico es lo que yo llamo a ese proceso que uno inicia, pretendiendo llegar a un lugar determinado, pero que termina dando como resultado algo completamente diferente. Y que, no por distinto, es necesariamente peor. Todo lo contrario, tal vez ese hallazgo sea mejor de lo que uno esperaba inicialmente.

¿Qué sos?, me preguntan. Y yo digo que tal vez lo mío tenga que ver con la filosofía, la ciencia, el arte, la tecnología, la psicología. Suelo mezclar todo. Y así termino haciendo obras que pueden interpretarse como arte político, arte ambiental o con arte tecnológico puro.

Creo que mi proceso creativo tiene que ver con siempre tender hacia un lugar, pero nunca llegar a él. Soy una persona que toda su vida se preguntó las cosas. Y las respuestas a las que llegué siempre fueron diferentes. De hecho, no siempre fui ambientalista. Hace 30 años era como Mr. Burns tirando los residuos radiactivos por cualquier lugar. Pero soy de los que se cuestiona. Mis preguntas son existenciales y tiene que ver con cosas que la ciencia no puede contestar, y sin embargo se las pregunta; y que el arte tampoco puede contestar. y también se pregunta.

Considero que el Arte contemporáneo tiene algo así como la obligación de transmitir un mensaje. Creo que es necesario que se proponga hacer arte para generar una mejora en el medio ambiente, en la sociedad ó para, al menos, disparar en las personas que se ponen en contacto con la obra o expresión artística que fuere, un pensamiento.

Proyecto Utopía. Hace 5 años viajé a la Antártida e instalé allí tres molinos de viento, que tenían por objetivo enfriar el glaciar sobre el que estaban y evitar así su descongelamiento. Los llamé “Don Quijote contra el cambio climático”. Este año regresé por una segunda utopía: los Glaciators. Estos robots buscan recuperar o generar nuevos glaciares. Al caminar sobre la nieve, la transforman en hielo. Son lo que yo denominé “firn makers” (por la expresión en inglés de la palabra “firn”, que refiere al estado de la nieve previo a convertirse en hielo).

También llevé unas telas reflectantes que absorben los rayos del sol. Quise proponer una forma de proteger esas enormes superficies congeladas, de una manera práctica. “Reflections” hablaba de la idea de “reflejar los rayos del sol” pero también de nuestra propia reflexión. ¿Qué podríamos hacer por nuestros glaciares si aplicáramos a ellos la tecnología?

Autor: Clara Gómez Carrillo
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