El cuadro del día para empezar el día

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El cuadro del día para empezar el día

Todas la psiquis retratadas en una sola psiquis: la de Felipe Giménez. Los encuentros. Las preocupaciones. Las alegrías. Las compañías. Las soledades. Las fantasías. Las realidades. Los amores y desamores. Todo, hasta aquellos escenarios más existenciales, los explica pintando.

Nació en 1963, en Mar del Plata, ciudad que le regaló el universo de seres humanos que dispararon su inspiración, y a su primer maestro: Alberto Bruzzone.

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¿Cómo surgió tu vínculo con él?
Lo conocí cuando tenía más o menos 18 años. En ese entonces yo era masajista, y la mujer de Bruzzone me contrató para atender a Alberto, que había tenido una lesión.
Yo iba. Pero más que hacerle masajes, nos la pasábamos charlando: literatura, poesía, pintura. Bruzzone era una enciclopedia, un diamante en bruto en medio de Mar del Plata. Además, me parece, él no quería saber mucho con que un hombre le hiciera masajes.

En un momento le pedí que me enseñara a pintar. Y como estaba corto de plata, cambiamos masajes por clases de pintura. “El viejo” me tenía corto. Era muy exigente. Me dio disciplina, orden. Ser pintor no es tarea de vagos.

¿Y después?
Después de 6 años de estudiar con Bruzzone, me largué solo. Creé mi propio alfabeto de personajes imaginarios. Los pinté y desarrollé, al tiempo que ejercía como psicólogo.

¿Y hoy?
Hoy hago lo que me gusta. Sigo pintando como cuando empecé. Por suerte siempre pude hacer lo mío y no me interesa pensar que pueda venir alguien a decirme lo que tengo que hacer. Siempre pensé: si a la gente le gusta lo que hago me van a ver y sino se la pierden.

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Un universo de colores

Felipe Giménez está signado por la energía del sol. Todo en él vibra en tono positivo. “Si hay algo que no admito es la mirada negativa de las cosas”, dice.

Con esa premisa, sus cuadros despiertan reflexiones y empatías y son pocos los que hoy no reconocen un Giménez en los coloridos mundos, las margaritas, los hombres voladores, navegando en barcos o enrededados en pequeños grandes dilemas.

Lo que Felipe Giménez hace es compartir. “Lo que más me gustan son las relaciones humanas. Me atraen. Me importa todo lo que hace a ella. Por eso hay una frase que me gusta y con la que me identifico y es: “Yo soy un paisajista de las relaciones humanas”.

Eso es algo que Felipe le atribuye a la psicología pero también a Mar del Plata. “Creo que si hubiera nacido en la Patagonia tal vez me hubiera dedicado a pintar el viento. Pero Mar del Plata me regaló a la gente y sus circunstancias” dice.

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¿Quién te inspira?
Joao Gilberto. Me encantan su simpleza para darle vuelo y elegancia a lo cotidiano. También Miró, que fue el primero. Después de ver uno de sus cuadros dije: “yo quiero poder vivir de la pintura también”.

Muy bien, Felipe Giménez. Deseo concedido.

Autor: Clara Gómez Carrillo
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