Cynthia Cohen: Maravillosa y Monumental Mujer

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Cynthia Cohen: Maravillosa y Monumental Mujer

La entrevista transcurre mientras, en frente, los imponentes ojos azul claro de una joven nos observan. Es la mirada de la protagonista de uno de sus últimos retratos. No es Cynthia, pero, a su vez, esa chica, es todo eso que nuestra artista es: joven, impactante, bella, monumental.

Cynthia Cohen es la “Poderosa Afrodita” que se anima a poner en duda la existencia de un “Futuro brillante”, y que, en cambio, prefiere vivir en el hoy: con su taller, sus amigos, su equipo de trabajo, su pintura, sus hijas, su pareja, sus libros, su interior. Todo lo que tiene de cool, lo tiene de sensible. Así lo devela en un largo encuentro que incluye varias horas de sesión de fotos, música al palo y mucha charla entre mujeres.

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Ser madre me llevó por un camino autodidacta. Pese a haber ido a talleres de grandes artistas que me modificaron el cerebro, como fueron Marcia Shvartz y Pablo Suárez, en mi carrera todo fue prueba y error. Eso me dio la ventaja de la libertad y de la búsqueda, pero también la desventaja del estar fuera del circuito.

Siempre me fascinó la pintura. Era mi mundo, un lugar de escape y de mucho disfrute. En su momento pintaba lo que veía: copiaba historietas o hacía una composición de naturaleza muerta en mi casa. Además, mi abuelo materno, Juan Carlos Fascioli, era pintor. Supongo que algo de su ADN debo tener. A los 13 años me recomendó un taller de carbonilla y naturaleza muerta y desde entonces no paré.

Con mis hijas comparto muchísimo. De chicas, siempre venían a mi taller o a mis muestras. Durante la infancia el arte se entremezcló mucho con los juegos que compartíamos, todo era muy material. Además, la casa siempre estuvo rodeada de amigos artistas. Es decir, que este mundo es algo normal para ellas. Desde su lugar, lo entienden y lo viven: Sofía con la fotografía y Natalia, que está estudiando sociología, más desde lo teórico.

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Me considero una colorista. Tengo esa situación de vivir, de sentir, de encontrar y de armar el color. Tengo épocas: a veces estoy más ligada a los colores más vibrantes y puros; pero ahora, con el tema de los retratos y de las pieles, es otro universo. Es un camino mucho más complejo.

Modificar la escala, modifica la mirada. Todos los objetos de mis obras vienen de juguetes o de cosas que, en general, son muy chiquitas. Cambiar sus tamaños plantea un cambio de significado.

Lo monumental…¿es por lo expansiva? Cero. Todo lo contrario. Siempre fui muy tímida e introvertida, a esos extremos en los que los padres se preocupan. Me costaba mucho interactuar con gente que no conocía. De chica me quedaba en la playa leyendo bajo una sombrilla y mi hermana se hacía amiga de todo el mundo. Con el tiempo logré ir rompiéndolo.

No soy una artista intelectual. No hago una investigación o búsqueda previa. Lo mío tiene una espontaneidad y también una devolución de la obra que viene una vez que la termino. Después de que la hago, la comprendo más: entiendo por qué fue esa elección…la entiendo desde mí.

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El retrato vino para quedarse. Pasé por muchos lugares, pero siento que los retratos son lo más fuerte. Estoy muy conectada y fascinada con ellos. El primero que hice surgió de replicar el típico formato de campaña de moda. Trabajé en una serie con un fotógrafo en la que busqué que las chicas tuvieran la misma mirada y actitud que la que suele verse en una producción de ese tipo. Luego repliqué eso en otras obras.

Realmente cuando uno los ve son inquietantes. Los retratos tienen 2,20 x 1,60 y son un primerísimo primer plano del rostro. Creo que transmiten algo muy fuerte. Lo más loco fue empezar a recibir encargos de personas que querían el propio…eso me encanta, es como volver a los pintores renacentistas.

Los 40. Una especie de plenitud. Es llegar a un lugar en el que uno dice “ya más o menos sé quién soy, qué quiero, qué sí y qué no” y en el que, además, todavía uno se siente con la fuerza de los 30. Las expectativas no son tan importantes. A los 30 hay “deseo de”, y a los 40 hay más satisfacción con una realidad. No sé, a mí me pasó de estar mucho más conectada conmigo.

El futuro “brillante” de Cynthia incluye…Más naturaleza. Me veo más en contacto con eso y con un trabajo más desde acá, desde el taller. No sé si estoy en un momento de mostrar tanto. Me imagino más para adentro, como buscando un cierto silencio.

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Autor: Clara Gómez Carrillo
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