Delia Cancela, al compás

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Delia Cancela, al compás

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“Hoy viniste muy de periodista” me señala Delia apenas me ve en la muestra que realizó en la última edición de arteBANos saludamos, se retoca los labios en un rojo intenso y se saca divertidas fotografías con su curador, el escritor y periodista Javier Arroyuelo. Nos encontramos en el stand de Madero Harbour, rodeadas de sus mujeres dibujadas en movimiento. Un par de tacos, boquitas pintadas y el pelo suelto: en los ’60 como hoy, esas chicas se divierten.

Un par de mails después ponemos fecha para la entrevista. Cae lunes y junio determina el tono gris del día. Después de una agenda ajustada, que además de arteBA incluyó una charla en la exposición “Internacional Pop” en el Centro Walker de MinneapolisEEUU, Delia vuelve a su rutina. Abre la puerta, subimos las escaleras y llegamos a su taller. Nuevamente labios en rojo junto con un sweater a rayas y un par de zapatillas Nike en verde. Sobre la ventana hay algunos bocetos, una biblioteca con sus trabajos, una Apple y corazones por doquier. En una de las paredes, pegado con cinta scotch, el manifiesto que firmó junto al artista Pablo Mesejean en los años 60: “Nosotros amamos los días de sol, las plantas, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushingham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el young savage look, las canciones de moda, el campo, el celeste y el rosa, las camisas con flores, las camisas con rayas, que nos saquen fotos, los pelos, Alicia en el País de las Maravillas, los cuerpos tostados, las gorras de color, las caras blancas y los finales felices, el mar, bailar, las revistas, el cine, la Cibellina. Ringo y Antoine, las nubes, el negro, las ropas brillantes, las baby-girls, las girl-girls, las boy-girls, los girl-boys y los boys-boy”.

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Pulso internacional, acento personal

“Yo estudiaba danzas, quería ser bailarina y al mismo tiempo me gustaba pintar. Ya en la adolescencia elegí la pintura porque para mí era muy fuerte tener un público, estar en un escenario”. Delia decidió imprimir su cadencia en la pintura. Estudió en Bellas Artes con Fernández Muro y formó parte de la denominada Generación Di Tella.

Mi primer libro de arte me lo regaló mi papá en Mar del Plata. Como tenía distribución de diarios y revistas, siempre tenía a disposición revistas. Recuerdo que Para Ti tenía una página dedicada a un artista, venía una imagen y su currículum debajo y yo copiaba. Cuando era chica llegaban las revistas y me enloquecía con todo eso”, recuerda. De conocer y dibujar artistas en Para Ti, Delia prosiguió hasta las oficinas de Vogue en New York para presentarse e ilustrar sus páginas. Lo mismo ocurrió en Londres, junto a la ascendente (en aquél momento) Grace Coddington, directora creativa de la revista Vogue de los Estados Unidos.

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En 1967 viaja a París junto a su pareja Pablo Mesejean becados por el gobierno francés, regresan un año más tarde y vuelven a emigrar. En el pasaporte marcaron una estadía en New York, luego Londres y finalmente París.

En las páginas de Vogue se publicaron las prendas que diseñó junto a Pablo. “Mi hermana cosía y nos hacía la ropa. Me gustaba la imagen, lo que podías hacer con la ropa. Lo que podías crear, era algo creativo en un cuerpo, en movimiento. A mí nunca me gustaron las categorías entonces ¿Por qué no ser diseñadores? La moda es otro lenguaje, yo como artista puedo diseñar.” Y así lo hizo.

París y Buenos Aires

Sobre los estantes, hay una pequeña y dorada Torre Eiffel de souvenir. La capital francesa es una ciudad que visita todos años, ya que es donde vive su hija: la fotógrafa Celeste Leeuwenburg. “Cuando estoy en París estoy atenta, veo muestras, voy a las librerías. Yo antes soñaba en francés y ahora sueño menos. Mi lugar de pertenencia es en el espacio de la creación, del hacer”. Le pregunto sobre una ciudad en particular, quiero saber dónde hizo más y me responde Londres. “Ahí sentí que podía expresarme como yo quería”.

Delia se levanta temprano y toma un extenso desayuno. “Siempre desborda lo que uno tiene que hacer, tengo anotado acá (muestra y hojea la agenda) y si tengo un momento para hacer, tal vez no tengo concentración. Tal vez estoy dibujando y me voy a la cocina me pongo a hacer algo, vuelvo. Me pongo a hacer otra cosa pero cuando entro en el mood de hacer, ahí no pienso ni hago más nada y avanzo”.

De esa ‘no rutina’ surgieron los dibujos, las pinturas, las prendas que se distinguen por su frescura y su color. No pasaron de moda. “La condición femenina para mí comenzó a ser un tema en los años ’60 cuando salí del Bellas Artes. Me llamaba la atención todos los mandamientos, las imposiciones que se seguían y se respetaban. Nadie trataba de cambiarla, la mujer estaba muy maltratada en esa época. Igual éramos muchas artistas mujeres.” relata Delia sobre el universo femenino.

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Durante la sesión de fotos está atenta, consulta y aporta. Entiende de luces, tiene una mirada total sobre la estética. Mientras el equipo controla el material, me mira y me dice: “¿Sabes qué no te conté? Bailo, mientras trabajo bailo.”

Nos estamos por ir y me llama: “Vení Cele”. Delia abre la puerta y me muestra su biblioteca: amplia, colorida y con ejemplares únicos. Siempre pensé que nuestras bibliotecas confirman nuestros universos. Ahí lo confirmé.

Fede Kane

Dirección de arte. Fede Kane.

Autor: Mariano Carrizo
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